Viernes, 01 de octubre de 2004
Despierto sorprendida, sobrecogida, rodeada de bruma.
Me acurruco en el suelo, escucho, tiemblo, lloro sobre el silencio, espero y no espero.
Quizá espero un ataque, un ataque certero, un ataque...o una redención. Es una especie de juego macabro, truco o trato, ataque o redención. Un golpe certero del destino llena y vacía las estancias de mi cuerpo, perfora, crea canales que conducen a las estancias de mi alma, tan sólo una semana antes esa barrera hubiera resultado infranqueable.
Ya no sé quién es mi enemigo, no he aprendido a plantarle cara, no he aprendido del dolor.
Hace unas semanas creía estar vacía, creía no tener nada en qué pensar, nada que hacer, nada que sentir, nadie que lo sintiera por mí...Con la apatía como guía, caía una y otra vez en la tentación de vagabundear por mi mente. Y de pronto, la realidad aplasta todas mis frágiles ideas, mis idas y venidas, mi egoísmo, mi pereza, mi exceso de ensoñación...y me reduce a un tembloroso instinto de supervivencia.
Algunos de mis enemigos continúan aquí conmigo, los más favorecidos, los más mimados de mi creación. Me ruegan que les preste atención, que les cuente mis pesadillas y mis desvelos. Todos llevan la máscara de costumbre (no les gustaría nada que pudiera identificarlos), pero algunos, como el egoísmo, han cambiado de forma, y se empeñan en confundirme, en hacerme ver lo que no quiero. Pero aunque no quiera verlo ahí está, natural y abominable, cotidiano y transcendental, inevitable y humano...ineludible.
Mientras escribo estas palabras, pienso en su tono desesperado, amplificado y desmedido, y no quisiera que fuera así, porque ahora, después de alguna que otra prueba del destino, me siento más fuerte y capaz, preparada para afrontar este nuevo sendero en el que se ha bifurcado el camino.
Tras la sorpresa inicial, me levanto con cuidado y empiezo a andar, mirando hacia todas las direcciones.
Por: Poliédrica | Zonalibre | Comentarios (0) | Referencias (0)
«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes» Vicente Huidobro
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