Jueves, 21 de octubre de 2004
Afortunadamente para mis maltratados sentidos, después de la tormenta, no vino la calma. Es más, el silencio decidió aliarse con el ruidismo más armonioso (aunque ello pueda parecer una contradicción), y extendió sus brazos para engullirme. Sus ecos, vibrantes e hipnóticos, todavía están dentro de mí. Como un seísmo controlado, todavía tienen el poder de sepultarme y resucitarme, todavía los siento golpeando mi pecho, perforando mi corazón. Pero sólo los puedo sentir...para que no se rompa el hechizo, para que se haga realidad, me obligan a mantener los ojos cerrados.
Acoples controlados, incontrolables, emocionales...Sonidos ocultos que resplandecen en lo más profundo, llegan hasta la misma raíz de los sueños, y consiguen gritar como si susurraran, con una voz más pura que la humana.
El eterno encanto de lo misterioso, de lo subterráneo (revelando, como un ruido sordo, algún que otro secreto)...de lo bello.
Unas semanas después de la gran exhibición de Tortoise, la sensación permanece intacta.
Qué más puedo decir, guitarras y melodías, guitarras y melodías...
Por: Poliédrica | Zonalibre | Comentarios (0) | Referencias (0)
«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes» Vicente Huidobro
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