Jueves, 10 de febrero de 2005
Los santos existen, no tengo ninguna duda al respecto. Los he visto, caminé junto a uno de ellos en la noche de los tiempos.
Su sabiduría me infundió temor : me obligó a ver por sus ojos, y llenó los míos de visiones apocalípticas y delirantes que me permitieron atisbar durante un instante los misterios más insospechados de la creación. Cogió mi mano entre las suyas, y cubrió mis frágiles expectativas con una luz intensa y clarificadora, una luz helada que me caló hasta los huesos.
Si decidiera continuar con este esquema narrativo, mis próximos pasos argumentales deberían ir encaminados a anunciar la llegada del fin del mundo ; a todas luces, sería lo más coherente, pero no es el momento (ni el lugar adecuado, quizá) para realizar ese tipo de declaraciones...
En mi defensa diré que, contra lo que pueda parecer (y pese a la aparente ruptura narrativa), la incoherencia (sin que sirva de precedente) no es tal. De hecho, esta vez todo se encuentra debidamente conectado en mi mente, se podría decir (estableciendo una relación con el simbolismo anterior) que he visto la luz.
A raíz de una serie de lecturas (más o menos saludables para mis neuronas recalentadas) y de una serie de sentimientos y emociones, se ha establecido una conexión (extrañamente) acorde con el habitual cajón desastre de mis pensamientos ; se trata de una conexión simbólica, psicológica, emocional y (cómo no) literaria.
Este tipo de pensamientos se han visto conjugados en mi mente estos días ; y aunque sé que de alguna manera siempre han estado ahí, flotando en algún lugar indeterminado de mi cerebro, es en los últimos tiempos cuando han terminado de tomar forma, perpetuándose a través de manifestaciones literarias (más que divinas...) que han coincidido en el tiempo y en sus argumentos, argumentos que son como señales o guiños prosaicos que, por un instante, parecen destinados a completar el rompecabezas más complicado que cabe imaginar... y por un momento (sólo por un momento), todas las piezas parecen encajar.
Al menos, el primero de los enunciados que he emitido es totalmente cierto : los santos existen. Afortunadamente, algunos de ellos se encuentran muy cerca de nosotros ; desafortunadamente, hay mucha gente que desconoce su existencia, o peor, que no da crédito a su condición. Son seres de intelecto superior, de una sensibilidad casi mística, o mejor, metafísica; una sensibilidad capaz de crear senderos alternativos que conducen a otros mundos.
La historia que precede a esta conclusión es muy extensa, pero como sé que me conviene realizar un ejercicio de síntesis, intentaré hacer lo propio. Todo empezó hace unos cuantos años, durante los últimos coletazos de mi infancia (propiciados por éste y otros descubrimientos...) ; en esos entrañables momentos de mi existencia (por decir algo...), hubo una escritora en particular que amplió mis horizontes literarios : Anne Rice. Su prosa, eminentemente descriptiva, me enseñó la magia de los adjetivos y los coordinantes, y me ayudó a entender que los excesos narrativos en este aspecto podían ser dosificados de manera que no avasallasen al lector, sino que le encandilasen en la misma medida (o quizá más) que a quien lo escribió. No sé si aprendí correctamente la lección... pero esa historia también pertenece a otro momento. Actualmente, esta escritora ya no se encuentra entre mis predilectas, ya que mis horizontes se ampliaron todavía más, pero en su tiempo fue importante para mí, no sólo por lo que me enseñó, sino (particularmente) por una metáfora que utilizó en su libro Confesiones de un vampiro (libro de éxito multitudinario), una metáfora que quedó grabada en mi mente, y que, a día de hoy, continúa vigente en la maraña de mis pensamientos.
En la primera parte de este libro, el atormentado protagonista de la historia le relata a un supuesto entrevistador cómo era su vida antes de su transformación (y de su " tétrico " paso a las tinieblas), durante esos años de su existencia, se produce un hecho especialmente relevante que tiene que ver con la inesperada muerte de su hermano menor. Éste llevaba una vida absolutamente contemplativa y sacrificada, creía en Dios por encima de todo, su actitud era la de un mártir. Un día, decidió confiarle a su hermano una serie de conocimientos privilegiados que había adquirido por medio de visiones. Parece ser que la incredulidad de su hermano fue lo que propició su posterior suicidio, pero eso no es lo que más me interesó de esa historia (por insensible que suene), lo que realmente llamó mi atención queda perfectamente resumido en este breve fragmento : Yo estaba amargamente desilusionado. No le creía una sola palabra [...] Pienso que tal vez haya sido un egoísmo cruel. Déjame explicarme. Yo adoraba a mi hermano, como ya te dije, y a veces creía que era un santo viviente. Lo alenté en sus oraciones y meditaciones, y como dije, estaba dispuesto a que se fuera de mi lado para que entrara en el sacerdocio. Y si alguien me hubiera contado de un santo en Ars o en Lourdes que tenía visiones, le habría creído. Yo era católico ; creía en los santos. Encendía velas delante de sus estatuas de mármol en las iglesias. Conocía sus imágenes, sus símbolos, sus nombres. Pero no lo creí ; no en mi hermano. No sólo no creí que tuviera visiones, no lo pude considerar posible un solo instante. Ahora bien, ¿por qué? Porque era mi hermano. Podía ser santo, podía ser extraño, pero Francisco de Asís, no. Mi hermano, no. Mi hermano no podía serlo. Eso es egoísmo, ¿te das cuenta? . Me doy cuenta, sí. Por lo visto, el hecho de reconocer y darle credibilidad a alguien tan cercano (como pueda ser un hermano) nunca ha estado muy en boga ; parece que el talento, la genialidad, e incluso la espiritualidad, están reservados a otros, siempre a otros. Genialidad, espiritualidad, luz helada... la metafísica a la orden del día.
Todo eso sólo puede estar al alcance de unos pocos que no conocemos, ni queremos conocer, pero cuanto más lejos se encuentre su mirada de la nuestra, tanto mejor, la admiración por ellos se multiplicará y se propagará rápidamente, su aura de genialidad aumentará con cada paso que den en dirección contraria a los nuestros. Para ser genial y (en consecuencia) diferente, es necesario nadar siempre a contracorriente... por supuesto.
Creo que ésa fue la primera vez que pensé (al menos de manera consciente) en este curioso aspecto del comportamiento humano : se tiende a valorar de manera bien distinta y diferenciada (más positiva, más intensa) las cualidades excepcionales de quien se encuentra más alejado de nuestro radio de acción inmediato, antes que las de nuestro prójimo más cercano, a quien le está vetado todo ese circo de transcendencia, y esa calificación de " cualidades excepcionales ". Es una extraña paradoja de la mente, quien está más cerca de nosotros, incluso de nuestro corazón, es a la vez quien más lejos se encuentra de nuestras expectativas. Me refiero a que (habitualmente) por más que se quiera a esa persona, siempre se tendrán en cuenta sus mejores cualidades y las cosas en las que destaca como pequeños hechos que nunca serán contemplados como algo más, a no ser que sea reconocido así por otros seres, todos ellos ajenos a nuestro círculo (social y emocional) ; de nuevo nos invade ese sentimiento (por momentos mezquino) teñido de creencia ciega e inconsciente en la sabiduría de lo ajeno, esa eterna confianza en el criterio colectivo.
Recapitulando, aquella fue una de mis primeras tomas de contacto con la realidad, nuevamente, la realidad de otros. Me pareció una metáfora muy acertada (a mi entender, una metáfora de metáfora), y ahora, en el caso que nos ocupa, es uno de los argumentos que me ha sugerido esta reflexión.
Regresando al momento presente, me he vuelto a topar de frente con esta afrenta (valga el juego de palabras), con ese sinsentido de tintes existencialistas. Nuevamente, he hallado referencias de ese tipo en libros como Isaac y sus demonios , de Fernanda Eberstadt (libro al que me he referido reiteradamente en estas páginas virtuales), o Retrato del artista adolescente, del señor James Joyce. Este último se encuentra todavía muy reciente en mi imaginación, no sólo debido a que hace relativamente poco tiempo que he tenido la ocasión de leerlo, sino también a que en esta historia los conceptos de genialidad y santidad vuelven a aparecer unidos. Por medio de una prosa cambiante (esta historia narra la niñez y adolescencia de un genio, cada etapa de su vida conlleva un cambio de registro lingüístico, un giro evolutivo), original y personal, Joyce realiza una reflexión (partiendo para ello de su experiencia personal) acerca de la religión (en este caso, la religión como cadena, como límite para el alma ; esa angustia existencial, motivada por una represión eclesiástica, se entiende mejor si tenemos en cuenta el contexto histórico del libro, así como su ubicación temporal ; en la Irlanda de 1916) a través de la mirada de un genio ; todo ello en conjunto, supone una magistral descripción cuyo destino (al fin, libre de cadenas), en última instancia, es el arte, o más aún : el concepto de arte en sí mismo.
A continuación, destacaré algunos fragmentos (aquéllos que me han resultado especialmente impactantes y significativos) de esta obra : Su espíritu, como un monje escéptico, gustaba de detenerse en la sombra bajo los ventanales de aquella época, para oír la grave y burlona risa de los tañedores de laúd o las sonoras carcajadas de las mozas del partido, hasta que una risotada demasiado plebeya o una frase oxidada por el tiempo, llena de un pundonor añejo y falso, herían su orgullo monástico y le hacían apartarse de su escondite [...] Su pensamiento era como un crepúsculo de duda y de desconfianza propia, alumbrado acá y allá por los relámpagos de la intuición, pero relámpagos de tan diáfana claridad, que en aquellos instantes el mundo se deshacía bajo sus pies, como si hubiera sido consumido por el fuego. Por último, este es el fragmento que se ha incrustado con mayor empeño en mi conciencia : Y la ausencia de un rito determinado era lo que había hecho que su alma se hubiera conservado en la inacción, lo mismo cuando había dejado que el silencio cubriera sus movimientos de cólera o de orgullo que cuando se había limitado a recibir un beso que hubiera querido dar.
Un retrato igualmente vívido e interesante es ofrecido por Fernanda Everstadt, que también realiza en su obra una brillante reflexión sobre el arte y la teología, la genialidad, la literatura... La relación que tiene el protagonista con la religión es tratada de una manera algo más anecdótica, si la comparamos con la del caso anterior ; pero resulta igualmente importante para la historia, y para tener una visión más completa del mundo interior de su protagonista. Éste desarrolla desde su más temprana edad una personalidad extraordinaria, única y genial ; por desgracia, el mundo de los adultos se negará a concederle el más mínimo reconocimiento... En algunos de los fragmentos del libro queda perfectamente recogida (como en el retrato de Joyce) esa sensación de pertenecer a otro lugar, esa sensación de eterna búsqueda, y, quizá, de miedo a lo desconocido, o a lo que finalmente se hallará... si se busca con demasiado ahínco : El niño se aferraba a su padre con angustia en la oscuridad, mientras veía con el ojo de su corazón el cuchillo que bajaba sin ningún ángel que se interpusiera, ningún carnero atrapado en la maleza, ningún indulto en aquel marte inhóspito [...] Le parecía totalmente obvio que su vida aún no había empezado, que subsistía en un estado de hibernación que no contaba en absoluto. Y finalmente, uno de mis fragmentos favoritos : Hay ciertas clases de miedo que dejan el cuerpo sin fuerzas. El miedo por la vida de uno envuelve cada músculo, cada nervio, en la claridad más absoluta, pero el terror los rodea de una niebla de estupidez autoprotectora.
Como se puede observar, ambas narraciones tienen sus respectivos puntos esenciales en común : ambas giran entorno a una mente privilegiada y a la manera en que ésta ve la vida, el lenguaje, y la sociedad en la que se encuentra inmersa (aunque como sabemos, muchas veces todo ello conforma una unidad inseparable)... Además, ambas vidas son narradas desde la infancia hasta la pubertad del individuo, y finalmente, en ambas (y por diversas razones) se encuentra presente el componente religioso, que, a su vez, resulta ser una metáfora de lo más efectiva, que va más allá de las apariencias.
Curiosamente, en todos los ejemplos de la literatura que he mencionado, se encuentran aunados los conceptos de genialidad, espiritualidad, y misticismo. Estos valores reciben una recompensa común y terrenal : el talento creador.
Llegados a este punto, resulta necesario regresar a la idea inicial, la idea que me ha impulsado a escribir todas estas palabras.
En esencia (y a mi parecer), el término santo en el caso que nos ocupa, no remite sólo al sentido más literal (o clásico) de la palabra ; en todas estas obras, el término parece actuar como un elemento figurado, un elemento que remite a otra realidad y que presenta una metáfora a la que se halla misteriosamente ligado.
Es de suponer que la tentación de jugar con el lenguaje es siempre irresistible, porque está lleno de ambigüedades, de equívocos (más o menos afortunados), y también de palabras que en un momento dado, pueden adquirir una significación distinta, según el uso que de ellas haga el hablante. Ese cambio de personalidad lingüística afecta directamente al portador del término. Así, en este contexto la palabra santo no tiene un significado estrictamente religioso, según lo visto, se podría decir que el santo actual es un sujeto de gran talento que sufre la incomprensión de una gran mayoría que no entiende o no quiere entender su valía, su talento fuera de lo común.
Para cerrar el círculo, he vuelto a advertir esta utilización inusual del término, esta vez en el contexto de una canción llamada Un minuto antes de la realidad, del grupo Doctor Divago. En ella, se alude a otra realidad, ésta es capaz de contraponerse (aunque sea momentáneamente) a la realidad imperante ; además, se utiliza la denominación de santo que ya he mencionado, impregnada de cierto aire de perdición : A veces parecemos santos, pero no nos van a canonizar, somos como especialistas actuando fuera de forma y pensamos que nadie lo va a notar. Visitamos de nuevo la lona, Dios nos niega la revancha. Y cuando acaba la toma, nos llevan al hospital. Si supieras lo poco que me importa estar fuera de lugar, pasando las páginas hacia atrás, sin conocer el final. Si supieras que lo único que deseo es poderme instalar un minuto antes de la realidad.
Estos santos contemporáneos poseen una sensibilidad que se aleja de los miserables patrones a los que suele ajustarse la realidad, incrustados tantas veces en nuestras almas como una extremidad postiza que no acaba de encajar.
En realidad, para mí el componente de genialidad se traduce, por encima de todo, en una sensibilidad que ha podido escapar a esos patrones, antes que en un intelecto superior.
Más aún, resulta que todo lo que he tratado de explicar en estas líneas es tan sólo la antesala de una conclusión a la que he llegado, y que es, de hecho, una de las pocas conclusiones importantes de mi vida, mucho más importante que todo lo que he intentado explicar anteriormente.
Lo que por encima de todo quiero expresar, es lo afortunada que soy al conocer a personas que comprenden perfectamente todo esto sin que sea necesario emitir una sola palabra que lo confirme.
Estos días me acuerdo mucho de las palabras que me dedica a menudo una de esas mentes geniales de las que hablaba, cuya sensibilidad no ha sido invadida por las hordas furibundas de la indiferencia (esa aséptica pereza diaria que se apodera de nuestros corazones...). Esta persona es el exponente más sincero y real (esta vez empleo el término en el mejor sentido posible) que he me encontrado en el camino ; y suelo pensar en esa suerte inesperada que me ha permitido compartirlo con ella, ya que es de esas pocas personas que no hace esas distinciones ; cuando considera que alguien tiene algún talento especial, esté o no reconocido por una mayoría, siente idéntica fascinación por lo que hace, se trate de quien se trate ; ya sea un personaje mundialmente reconocido, ya sea alguien a quien se cruza en la calle, un amigo o un vecino... Como debería ser.
Cuando pienso en todo ello, me siento realmente contenta de lo que he conseguido en todo este tiempo, contenta hasta las lágrimas (es uno de esos problemas a los que debería buscar solución...).
Por otra parte, estoy empezando a darme cuenta de que mi ejercicio de síntesis ha resultado un auténtico fracaso, pero ya me lo reprocharé más tarde...
También me doy cuenta de lo metafísica y densa que me ha quedado esta explicación (es el riesgo que entrañan la mayoría de mis explicaciones), y aunque en un principio no fuera ésa la intención, creo que el resultado, pseudo místico, ha quedado plenamente justificado... Lo importante, es que hoy por hoy tengo algo en lo que creer, sin que me haga falta tener una inteligencia superior a la mayoría de los mortales, ni estar en posesión de ninguna tendenciosa verdad absoluta. Me basta con encontrar de vez en cuando la escena parcialmente iluminada por los esporádicos y efectistas relámpagos de la intuición, de los que nos hablaba Joyce en su obra (por lo visto, en posesión de algún que otro misterio incorrupto, intuido sólo por unos pocos). Dejaremos que los escépticos se rasguen las vestiduras.
Por: Poliédrica | Material inconexo | Comentarios (15) | Referencias (0)
Me había olvidado por completo de tu otra página...
Menudo texto! Tendré que leerlo en otro momento tengo el cerebro muy saturada y sería capaz de hasta memorizarlo... :S
derkon | 10-02-2005 11:26:08
Jajaja, es el riesgo que entraña estar tanto tiempo en cuarentena (o época de exámenes, como se prefiera), cuando vuelves a ser libre para escribir, lo coges con verdaderas ganas, se siente :p
Aunque bueno, yo todavía no soy libre... pero falta poco, un poco más y volveremos a pensar de manera más o menos racional...
Poliédrica | 10-02-2005 11:49:19
Bah, no es para tanto, que no le engañe la extensión, sólo es una especie de recopilatorio de las tonterías de siempre... Lamento comunicarle que por ahora sólo hay natillas y algún que otro donut, los bombones están por encima del presupuesto de la casa :p
Poliédrica | 11-02-2005 09:45:55
Txarly | 11-02-2005 13:08:51
Los donuts mejor los dejamos estar ... (que mal gusto) .
Y los bombones... que sean Lindt ;) , preferiblemente de chocolate puro.
derkon | 11-02-2005 15:47:26
derkon | 11-02-2005 15:47:51
Pues te voy a decir una cosa. No vemos admiración solo por los que no conocemos.
Porque yo te admiro y te conozco mejor de lo que crees (jojo).
En cuánto a las descripciones, tú le ganas a Anne Rice y a quien sea. Ya te lo he dicho muchas veces, por muchos adjetivos que uses, no cansa leerte.
Tú estilo es brillante e impecable.
(Yo acepto donuts, bombones y lo que se tercie).
Cvalda | 11-02-2005 18:51:16
Vaya, ya has esternado esto :)
Ya nos dirás cómo quieres personalizarlo y todo eso.
Menudo estreno, sitos
Bachi | 11-02-2005 19:30:02
Bueno, ya he tenido tiempo de leer tu escrito...un poco más y tengo que pedir dos meses de vacaciones para poder leerlo entero, pero al menos he llegado a un par de conclusiones: la primera, que es un placer que compartas con nosotros un trocito de esa mente privilegiada que posees; y la segunda ( mucho más metafísica e importante)...¿para cuando esos donuts?
skeletor | 12-02-2005 00:05:43
Vayamos por partes, queridos...
Lo sé, Cvaldita ;)
Bachi, eres un encanto, gracias por la ayuda, os lo diré, sí ;D
Distinguido Skeletor, gracias por dedicar algo de su tiempo a la lectura de mis despropósitos, espero que el día que le entregue mi autobiografía no necesite pedir un año sabático :p
Y por último, vayamos al asunto realmente importante : como andamos mal de fondos (a petición popular) habrá donuts de chocolate... pero como acepto donaciones (faltaría más), que Derkon traiga los bombones Lindt, pero en consideración a mi persona, que no sean de chocolate puro, podría darme reacción y volverme todavía más extraña ;) :p
PD. Queda inaugurada esta pequeña choza, bienvenidos sois :D
Poliédrica | 12-02-2005 13:15:43
Y nos ofrecerá su majestas una dosis de palabras propias en directo?
Los momentos importantes tienen su sorpresa... jiji.
Cvalda | 12-02-2005 14:46:38
Los santos es el tema del que se ocupa Armanda del lobo estepario. Jodorowsky se ocupa entre otros de los "santos civiles".
Cuando lei el post ayer se me ocurrieron muchas cosas que comentar, pero siendo como es mi ordenador nopude escribir. Y ahora estoy demasiado dormido para pensar.
El retrato de un artista adolescente es una de mis asignaturas pendientes.
David | 17-02-2005 10:31:26
De todas formas has comentado cosas interesantes :)
" El retrato " está muy bien, había oído decir que la manera de escribir de Joyce era muy espesa y complicada ; a mí este libro no me lo ha parecido, el lenguaje es muy estético, con muchas metáforas y juegos lingüísticos.
Poliédrica | 18-02-2005 09:53:24
Yo em lo encontre tirado en la basura siendo preadolescente y empecé a leerlo, pero vi que me superaba. Asi que lo guarde como asignatura pendiente hasta un mejor momento.
David | 18-02-2005 19:40:53
A mí me ha pasado eso muchas veces. Me viene ahora a la mente el recuerdo de cuando traté de leer " Cien años de soledad " siendo todavía una niña ; menuda decepción me llevé, y tanto que me superaba.
PD. Está bien eso de encontrarse libros interesantes por casualidad, y en sitios insospechados...
Poliédrica | 19-02-2005 13:10:10
«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes» Vicente Huidobro
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