Viernes, 04 de marzo de 2005
El Jardín del Amor
Fui al Jardín del Amor,
y vi lo que jamás había visto :
una capilla construida en medio del prado
donde yo solía jugar.
Las puertas de la capilla estaban cerradas,
y en ellas habían escrito : Prohibido entrar.
Entonces contemplé el Jardín del Amor,
donde crecían multitud de perfumadas flores.
Y vi que estaba lleno de tumbas
y lápidas allí donde debía haber flores.
Y sacerdotes con negras sotanas caminaban por los
senderos,
y ataban con zarzas mis deseos y alegrías.
Cantos de Experiencia. Por William Blake.
¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde que leí por primera vez este poema? Ya ni me acuerdo. Aunque, ¿realmente importa?
Antes (otro término temporal carente de sentido real para mí) pensaba que el hecho de no recordar (sino vagamente) la mayoría de sucesos (sobre todo aquéllos denominados cruciales) de mi pasado, se debía a una acusada falta de memoria. Ahora (término que, sin embargo, se encuentra algo más afianzado en mi mente ; supongo que es porque ese ahora impera a vivir, a atrapar desesperadamente el instante) creo que se debe a una despreocupada falta de interés, a una dejadez existencial que se desentiende de lo que (por pasado) carece de vigencia en el pensamiento.
No obstante, esa pereza a la hora de almacenar en la memoria hechos concretos ya pasados, no deja mella alguna en el nutrido imaginario del subconsciente. Éste es alimentado a base de fragmentos de palabras e imágenes que parecen flotar en algún lugar indeterminado de un océano de dudas ; bajo la poderosa influencia del agua, su esencia aparece calculadamente distorsionada.
Este poema de Blake devuelve hasta mi océano (por medio de una densa y fría corriente) otra manera de recordar a través de lo onírico, junto con una sensación de eterna perplejidad al contemplar de cerca un paraíso que se convierte en infierno, un hermoso sueño que de repente se convierte en pesadilla ; explorando así los contrates entre lo real y lo onírico, entre luz y sombra. Evidentemente, Blake utiliza esa atmósfera para ilustrar su crítica a la represión religiosa, y a esa transición que convierte la pureza en una creciente desilusión ante un mundo de adultos que no cumple ni de lejos las expectativas que fueron cultivadas sobre la caricia ingrávida de la almohada de la infancia ; en la mayoría de los casos, esas prematuras semillas de esperanza acaban siendo devastadas, reducidas a una sombra de ceniza antes de permitir que florezcan.
En la poesía de Blake se juega también con la noción temporal, ya que el poeta se mueve entre los amplios parámetros del pasado y el presente con una rapidez a veces pesadillesca, tal y como vemos en este poema. Hasta las aguas del lector (y del poeta) arriba en rápidas oleadas una sensación de placidez que esconde amargos secretos en su ficticia concepción.
Al pensar en la sigilosa realidad que implican todos esos términos que hacen referencia al tiempo (términos que pueblan habitualmente el vocabulario y la escritura ; no hay más que fijarse en las referencias más o menos casuales en el principio de este texto), he pensado también en la realidad lingüística que implican. En esa dimensión de realidad (aunque suele decirse que el lenguaje sólo es una representación de la realidad, una realidad simbólica... pero, ¿acaso lo que consideramos como la realidad en sí misma tiene más importancia que lo que atisbamos periódicamente en el movedizo territorio de lo soñado?), esos términos son muy utilizados como metáfora o, simplemente, como cohesionador habitual a la hora de conversar o escribir ; tan asumida y arraigada está esa noción en nuestra mente.
A mi juicio, este bonito poema pone de relieve todas estas elucubraciones y enigmas. Seguramente por ello, debe ser un digno representante del resto del poemario, recogido éste bajo el significativo título de Cantos de Experiencia. Tengo ganas de leer ese libro en su integridad, aunque aquél otro titulado Cantos de Inocencia también promete ser interesante, sobre todo por el contraste que a buen seguro ofrecerá con el anterior ; tal y como sucede en El Jardín del Amor.
Al pensar en ese contraste temporal que trae consigo el poema, pienso también en esa nebulosa (que es el pasado) que se desdibuja lentamente sobre el recuerdo de mi infancia. En aquel entonces nadie trataba de atar con zarzas mis deseos y alegrías (acaso yo misma), pero posiblemente llegó el día en el que me prohibieron la entrada al prado en el que solía jugar. Aunque no lo recuerdo exactamente así...
Por: Poliédrica | Material inconexo | Comentarios (2) | Referencias (0)
Despues de Baudelaire faltaba Blake, otro poeta maldito.
¿Donde están los bosques y prados de la arcadia de nuestra juventud?
David | 04-03-2005 16:17:20
Después de leer textos así es cuando me suelo hacer la pregunta de si mi intelecto está al nivel de Alfredo Landa en "Pepito Piscinas"...
skeletor | 05-03-2005 11:04:50
«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes» Vicente Huidobro
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