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Pensamientos inconexos sin orden ni concierto

Sábado, 31 de diciembre de 2005

Pensamientos rezagados

Hace unos meses vi una película que contiene todos los grandes porqués que, desde el principio de los tiempos, atribulan a la humanidad: Las alas del deseo, de Wim Wenders (más conocida en España como Cielo sobre Berlín).
Como todo el mundo, había oído grandes cosas sobre esta película, pero lo que no sospechaba antes de verla, es que se convertiría en una de mis películas.
Con esa curiosa inclinación hacia la apropiación (que no llega a ser indebida) de los logros artísticos ajenos que suele acompañar a nuestra naturaleza, siempre he tenido por costumbre recortar fragmentos de su contexto originario para acumularlos en los más diversos y caóticos departamentos de mi mente, quizá con la esperanza de que se alíen con mis propios fragmentos en un gigantesco rompecabezas de principios inquebrantables.
Tiempo después del visionado de esta película, he recordado uno de los pensamientos que me asaltó mientras seguía las escenas del metraje: En esta película está todo. Aquí está todo el mensaje, todo lo que se puede decir condensado en un par de horas.
No me pondré a analizar mis propios pensamientos porque ya tengo bastante con tener que hacer caso de vez en cuando a sus absurdas exigencias, y más cuando se producen de madrugada, removiendo ideas y sueños a golpe de duermevela. Pero sí comentaré algunos de los pasajes de la película que se han instalado con mayor énfasis entre mis preferencias.
Para empezar, siempre resulta reconfortante que te expliquen que la materia espiritual en sí misma necesita de las limitaciones de la efímera carne para completarse; y que los posibles seres que transitan la eternidad observan el mundo con ojos melancólicos desde un escaparate inalterable, anhelantes de temporalidad, de la belleza que reside en la imperfecciones, de la intensidad de las experiencias palpables. Aunque, claro está, todas estas conclusiones hayan sido concebidas por las mentes de otros seres humanos a los que no les queda otra opción que asumir que, o somos un eslabón más en la cadena de la creación y, al mismo tiempo, un ejemplar envidiado por seres pertenecientes a otras esferas de la realidad debido a la intensidad que desprenden nuestras acciones irrepetibles, o asumir que nosotros mismos somos seres melancólicos que observan con los ojos de la imaginación desde el otro lado de un escaparate inalterable, sedientos de perfección y eternidad.
Seres inalterables, seres que cambian a cada momento; todos ellos unidos a través de la noción de temporalidad en el eje de un mundo que bien podría formar parte del sueño de un diseñador inexperto.
Me ha gustado mucho el entramado de conversaciones que flota en el aire (conversaciones que, mayormente, mantienen los personajes consigo mismos), con sus miles de preguntas y necesidades (primarias o de cualquier nivel) al servicio de un interlocutor invisible.
Todos los sentimientos de los personajes giran alrededor de la intuición, el deseo o el rechazo de la experimentación, la soledad y la necesidad de comprensión. Ésta última (que se refiere tanto a la comprensión de uno mismo como a la realidad que rodea al individuo) se puede conseguir mediante un conocimiento milenario exento de los avatares de la experiencia física (representado en el personaje de Cassiel, el triste e inmortal compañero de Damiel que, pese a no compartir su visión del mundo y su deseo de temporalidad, los acepta y comprende con sabia resignación) o a partir de los pequeños placeres de las experiencias mundanas y otras apuestas a nivel físico y espiritual, como en el caso del amor.



El amor, el único asidero a la cordura en medio del caos y de la corrupción. El amor es el sentimiento capaz de hacer que el ser humano deje de atormentarse buscando respuestas y revelaciones que le permitan comprender las Grandes Verdades y soportar las Grandes Mentiras, capaz de disipar la confusión que rodea sus días para consumar una unión que le permita arriesgarse, sentir... y, finalmente, fundirse con el otro en armonía, más allá de cualquier criterio o duda razonable.
En la película, Damiel (que para el caso toma como consejero espiritual al mismísimo Colombo, un delirante ángel caído que decidió bajar a la Tierra para probar los placeres cotidianos que le podía reportar la existencia, entre ellos, convertirse en un popular actor de televisión) duda, siente, se arriesga y decide abandonar los asépticos patrones de la intemporalidad para experimentar la unión absoluta que puede ofrecerle el amor con la bella trapecista Marion, la representación más poética y volátil de un ángel en la Tierra.
Marion, por su parte, también busca una unión absoluta y definitiva con alguien a quien, aunque todavía no conoce, sabe que está destinada a conocer.
Así, los dos amantes se buscan sabiéndolo y sin saberlo, durante siglos o tan sólo durante un par de instantes de catarsis, escenificados a la perfección durante el trancurso de una actuación de Nick Cave que parece transformar y remidimir a todos los espectadores, mortales e inmortales.
A la actuación le sigue el esperado encuentro, y con él, el impresionante discurso que Marion le dedica al que será su amado. Sólo he podido ver una vez la película, pero uno de los paradójicos argumentos de ese discurso me caló especialmente: La soledad significa ser enteramente uno mismo, hoy por fin puedo decir que estoy sola.
Tras comentar los grandes porqués de la humanidad, sólo me queda uno entre manos, uno muy pequeño.
¿Por qué me gustó tanto esta película? Para mí no es ningún misterio: es eminentemente narrativa, metafórica y poética, y se sirve de la buena música (o, para puntualizar, de la música que me gusta a mí) como un argumento más para hablar de dudas y existencialismo.
Hace poco estuve buscando críticas sobre la película por la Red, y como es natural, encontré de todo. Hay quien, como yo, ha quedado fascinado por ella, y también hay quien la encuentra insoportablemente aburrida y pretenciosa.
Bueno, ninguna opinión tiene más valor que otra; aunque en realidad todos elegimos, y hacemos bandos en consecuencia.
Por último, quiero decir que no es que haya pasado por alto el trasfondo
social de la película, que más que un trasfondo supone el sentido de la película en sí mismo (inscrita como está, además, en un lugar tan significativo de la geografía como Berlín). Resulta muy triste y conmovedor ver cómo el ángel de la sabiduría y la resignación trata de consolar al veterano de guerra que no puede olvidar y que, en consecuencia, representa un pasado y unos seres humanos que no deben caer en el olvido.
No es que me haya olvidado de todo ésto, pero pienso que, al ser esta película como un retrato de las debilidades de la existencia, todo queda dicho al hablar de desesperación humana, consuelo divino, mezquindad y, a pesar de todo, esperanza: la esperanza de que el amor –aunque a estas alturas suene a pamplina- nos hará mejores.
Y aún así, al pensar en el horror nada puede ser totalmente cierto y nada en realidad puede quedar dicho, porque resulta imposible transmitir todo la indignación, frustración y dolor que debieron sentir los habitantes de aquella Alemania; personas que vieron sus vidas divididas por el llamado Muro de la vergüenza. Imposible de describir e imposible de imaginar para alguien que, como yo, tan sólo se ha limitado a memorizar un suceso de la historia de la humanidad a través de un libro de texto.
Normalmente utilizamos la expresión ser humano no sólo para referirnos a nuestra especie, sino para referirnos a un modelo de conducta.
En frases como Hacer eso no es humano, manifestamos nuestra repulsión hacia ciertas conductas que escapan a nuestro entendimiento.
Quizá sea la propia naturaleza humana la que escapa a nuestro entendimiento; puede que Tener humanidad no signifique tener sensibilidad o sentimientos de colaboración hacia el prójimo. Puede que la pregunta y la respuesta a esa extraña paradoja que supone evolucionar y abrirse camino hacia el progreso por medio de la devastación y la barbarie descansen en una simple definición.

Por: Poliédrica | Material inconexo | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Uhmmm, normal que te haya gustado tanto, es una maravilla de película, no me pareció aburrida ni pretenciosa, es lenta, pero hipnótica.. por supuesto siempre hay opiniones diferentes.
Por cierto, no sé si estás al tanto de las andanzas de Nick Cave, te cuento por si acaso:

-Guy Pearce, Emily Watson, Ray Winstone, Tom Budge, David Wenham y John Hurt forman el reparto de The Proposition, western con guión y música original de Nick Cave. El músico llevaba más de 17 años dándole vueltas a la idea de escribir un western australiano y tardó un par de meses en tener el guión hecho. "El proceso de escritura se presentó como algo muy natural para mí. Yo siempre estoy contando historias". La película está ambientada a finales del siglo XIX en un pueblo del desierto australiano. Guy Pearce y Richard Wilson interpretan a dos bandoleros de origen irlandés acusados del asesinato de una familia local.

Aquí tienes más información:
http://www.indyrock.es/nickcave.htm

Uy y feliz año, aunque ya te lo dije ayer :p

María | 31-12-2005 12:43:14

Sugerencia anotada

David | 01-01-2006 15:29:30

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