Domingo, 12 de febrero de 2006
Me dirijo hacia estas páginas después de un paréntesis que podría considerarse corto o largo, según se mire.
Hace unas cuantas noches (imposible averiguar el número, ni falta que hace) soñé con otra de mis dobles; otra de ésas que espera a que me duerma para cambiar el decorado y contratar a otro apuntador.
Me llamó por teléfono (concretamente al móvil, aunque pueda parecer un detalle demasiado mundano para un sueño), pero solo me dio tiempo a ver su nombre reflejado en la pantalla; el nombre y el primer apellido.
Si hago un pequeño esfuerzo mental, todavía puedo verlo (con los ojos de la intuición, que rara vez me fallan), pero las letras aparecen tan deformadas por el recuerdo y la luz fluorescente del aparato, que resulta imposible darles un significado real.
Ahora sólo recuerdo su primer nombre (nombre que no revelaré aquí, en consideración al derecho natural de toda heroína del sueño a seleccionar sus apariciones), el que podría ser considerado de pila, y la primera letra del apellido, la letra Z (letra que, dicho sea de paso, siempre me ha costado escribir correctamente de puño y letra).
El caso es que esta letra ha logrado incrustarse en mi conciencia, mientras que otras tantas han sucumbido bajo los efectos de las altas temperaturas que suelen reinar en esa región y han navegado a la deriva, hasta convertirse en gotas testimoniales de luz ardiente y misterio.
Espero que mi pluma (por no mencionar a mi bolígrafo) hable con justicia y veracidad de la protagonista de tan singular hazaña. Más le vale.
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Por: Poliédrica | Material inconexo | Comentarios (0) | Referencias (0)
«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes» Vicente Huidobro
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