Domingo, 23 de abril de 2006
Llegó el día.
Mi cuerpo amaneció como el vino nocturno:
escanciado con metáforas.
La humedad se retorció en su propio jugo,
calada de silencios y trampas.
La última ventana cerrada enmarcó el futuro,
desecando su exclusiva sustancia.
Y llegó un augurio de masacre,
me dejó un mensaje al pie de la cama:
El destino es un aprendiz mediocre
abriendo en canal a la Nada.
No se gana ninguna batalla
desangrando heridas invisibles,
aplaudiendo con la mirada.
No se esquivan los primeros golpes,
sólo se encajan.
Llegó el día.
El espejo se convirtió en escudo
en contacto con mis entrañas,
las ribeteó con retos que esquivaron, a lo sumo,
el tacto obsesivo de las guadañas.
Mi cuerpo amaneció expuesto al sol.
Puro y autosuficiente.
Libre de metáforas.
Con la sonrisa incipiente
y las costillas inflamadas.

De nuevo, el genio Salvador Dalí con su decálogo de sueños.
Por: Poliédrica | Material inconexo | Comentarios (2) | Referencias (0)
«Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes» Vicente Huidobro
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