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Pensamientos inconexos sin orden ni concierto

Sábado, 07 de octubre de 2006

Escucha la canción, la canción de nuestro parasubidas

La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.
Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos
el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan
mañana a respirarlo.
Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir
porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más
alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la
memoria de la piedra. Hemos saltado del vientre de nuestra madre o
del borde de una estrella y vamos cayendo.
Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa
de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.
¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.
Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes
abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.
Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.
Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.
Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en
un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al
creador.
¿Qué esperas?
Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.
Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la
fuga interminable.


Extracto fuera de contexto de Altazor, aunque sospechemos que el propio Vicente Huidobro y su obra -afortunadamente- están fuera de contexto.

Del nadir al cénit, del cénit al nadir... Entre medias, te elijo a ti.

Por: Poliédrica | Material inconexo | Comentarios (0) | Referencias (0)

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